No se si tenga el valor para decirle que lo extraño demasiado, no sé como demonios se metió en mis pensamiento, nuestra amistad duro muy poco eh perdido la cuenta de cuantas veces eh contado nuestra historia, y siempre termina en ¿Por que no se lo dices?, no lo sé simplemente no lo sé sera tal vez es ¿Por que mi orgullo no me lo permite?¿Por que tengo miedo de un “Te lo dije”? o de un ¿Ok? bien eso ya no me importa yo decidí que el seria feliz con alguien más yo no lo puedo hacer feliz… soy muy complicada… en la mañana estoy feliz, en la tarde triste, y en la noche sera mejor que no me hables si no quieres terminar con un tenedor enterrado en el brazo… odio ser así pero no lo puedo evitar me molesto de cual quier cosa aun que sea insignificante..
–Draco– se oyó la voy melodramática de Pansy– ¿Qué demonios, quieres? –Respondió no muy alegre Draco–Hay una reunión de prefectos en el último vagón y es necesario de tu presencia, nos darán indicaciones para patrullar. –Ahora regreso –comento, Draco solo guardo silencio y se encamino al vagón de los prefectos.El vagón de los prefectos era el último del expreso de hogwats, un lugar de paredes de madera, asientos forrados de cuero negro con mesitas de palisandro aquí y allá, y las P de las insignias estampada por todas partes. Los dos Slytherin entraron en el vagón ya ocupado por casi todos los demás prefectos de Howgarts. Draco se describió echando un vistazo al vagón para ver donde se encontraba los demás prefectos, no tardo mucho en sentarse en un sillón, con las piernas cruzadas despreocupadamente, los pies posadas sobre una mesita de palisandro, la vista perdida por la ventana y la varita fuertemente apretada en las manos. Sin más tiempo que perder Pansy se sentó a su lado y pestañeándole a través de sus gruesas pestañas era una visión mucho más tentadora. Haciendo una mueca similar a su sonrisa, paso un brazo por detrás de los hombros de pansy que contenta se acurruco contra él. –Draco, ¿qué miras? –Quiso saber pansy observándole con ojos brillantes– A nadie– Respondió el mirando ahora la ventana. Pansy guardo silencio pensando que no le había preguntado que pensaba, si no aquel miraba pero estaba demasiado feliz entre los brazos del slytherin como para seguir pensando en ello.Luna se fue tranquilamente por su camino, hasta un compartimiento vacío. Estando sentada junto a la ventana, leyendo El Quisquilloso al revés como de costumbre – ¡Hola, Harry! ¡Hola Ginny! El tren va lleno… No encuentro asiento–luna escuchó la voz nerviosa de un chico. –Pero ¿qué dices? – Habló Ginny Weasley, una encantadora pelirroja de su misma edad, y se asomó en el compartimiento de Luna –En este compartimiento hay sitio, sólo está Lunática Lovegood –El chico quiso rehuirse, pero Ginny lo cortó, riendo –No seas tonto, es muy simpática. Y entonces abrió la puerta del compartimiento y metió su baúl dentro. Los dos chicos la siguieron. – ¡Hola, Luna! –La saludó Ginny– ¿Te importa sique nos quedemos aquí? Luna miró al primer chico, de cara redonda y luego al otro, que llevaba gafas y tenía una cicatriz en la frente con forma de rayo; Harry Potter. Asintió con la cabeza. –Gracias –dijo Ginny, sonriente. Los dos chicos pusieron los tres baúles y una jaula con una lechuza blanca como la nieve en la rejilla portaequipajes y se sentaron. Luna los observaba con curiosidad por encima del borde de su revista, sin parpadear. Harry Potter se sentó frente a ella, muy incomodo. Luna lo miró fijamente. – ¿Has pasado un buen verano, Luna? –le preguntó Ginny. –Si –respondió ella, sin apartar los ojos del chico de enfrente–Si, me lo he pasado muy bien. Tú eres Harry Potter. –Sí, ya lo sé– repuso el chico. El otro rio entre dientes, lo cual llamó la atención de Luna, que dirigió sus ojos claros hacia él. –Y tú no sé quién eres. –No soy nadie –se apresuró a decir, nervioso. –Claro que si –intervino Ginny Weasley, tajante –Neville Longbottom, Luna Lovegood, Luna va a mi curso, pero es una Ravenclaw. –Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres–recitó Luna. Era su frase favorita. Luego levantó su revista, que seguía sosteniendo del revés, lo bastante como para ocultarse la cara y se quedó callada, preguntándose si ellos serian sus nuevos amigos. El tren avanzaba traqueteando a través del campo. El clima era un tanto inestable; tan pronto el sol inundaba el vagón como pasaban por debajo de tremendas nubes grises. – ¿Saben qué me regalaron por mi cumpleaños? – preguntó de repente Neville Longbottom, y Luna despertó de su sueño, aunque siguió con la cara pegada a la revista. – ¿Otra recordadora? –sugirió Harry Potter. –No. Aunque no me vendría mal una porque perdí la vieja hace mucho tiempo… No, miren… Una Mimbulus mimbletonia – dijo con orgullo. Luna ya sabía de qué estaba hablando, conocía la planta–. Es muy, muy rara. No sé si hay alguna en el invernadero de Hogwarts. Me muero de ganas de enseñársela a la profesora Sprout. Mi tío abuelo Algie me la trajo de Asiria. Voy a ver si puedo conseguir más ejemplares a partir de este. – ¿Hace… algo? –preguntó Harry con tono escéptico. – ¡Ya lo creo! ¡Un montón de cosas! –Exclamó Neville. – Tiene un mecanismo de defensa asombroso. Mira, sujétame a Trevor…Luna volvió a asomarse por encima de su revista para ver que hacia el chico. Este, con la lengua entre los dientes colocó la Mimbulus mimbletonia (una especie de pequeño cactus gris cubierto de forúnculos) a la altura de sus ojos oscuros, eligió u punto y le dio un pinchazo con la punta de una pluma. Luna se cubrió de nuevo la cabeza con la revista, evitando así mancharse con un líquido de color verde oscuro. Ginny, que se había tapado la cara quedó como si llevara un viscoso sombrero verde Harry Potter y recibió un chorro en toda la cara. –Lo…, lo siento –dijo Neville entrecortadamente –Todavía no lo había probado… No me imaginaba que pudiera ser tan… Pero no se preocupen, su jugo fétido no es venenoso. En ese momento s abrió la puerta del compartimiento. Se trataba de Cho Chang, una chica de sexto de Ravenclaw, que jugaba en su equipo de quidditch. Ella nunca la había llamado Lunática, y Luna lo apreciaba. –¡Hola… Harry¡ –lo saludó. – ¡Ah, hola…! –respondió él, desconcertado. Ambos estaban muertos de la vergüenza, algo que a Luna le pareció divertido, pero no se rio. Cho se marchó y Harry se recostó en su asiento y soltó un gruñido. Se notaba a simple vista que el chico hubiera preferido estar en otro lado, con gente interesante. Aun así podía considerarse muy afortunado; Luna no se imaginaba (o no pensaba que podría suceder) que Draco apareciera como si nada en la puerta sólo para saludarla. Ginny se encargó de limpiar el desastre sacando su varita y exclamando "¡Fregotego!" y Neville volvió a disculparse. El carrito de la comida pasó y Harry, Ginny y Neville compraron montones de pasteles y dulces. Luna no tenía hambre, prefería la cena de Bienvenida del colegio. Al cabo de un rato, un chico alto y pelirrojo (hermano de Ginny) y una chica castaña aparecieron en el compartimiento. –Estoy muerto de hambre –dijo el pelirrojo; puso su lechuza al lado de la de Harry, le quitó una rana de chocolate de las manos y se sentó a su lado. La chica se sentó junto a Ginny. –Hay dos prefectos de quinto en cada casa – explicó. Parecía muy contrariada–. Un chico y una chica. –Y a ver si sabes quién es uno de los prefectos de Slytherin – dijo el pelirrojo, recostado en el asiento y con los ojos cerrados. Luna ya lo sabía, pero no fue ella quien contestó. –Malfoy –dijo Harry al instante. Parecía que lo intuía. Ellos dos eran enemigos, y con razón: Luna no había visto jamás dos personas que difirieran tanto en… casi todo. –Por supuesto– afirmó el otro con amargura. –Y Pansy Parkinson, esa zonza – añadió la chica con malicia–. No sé cómo la han nombrado prefecta, si es más tonta que un trol con conmoción cerebral. Luna rio para sus adentros. Aquella chica y ella tenían la misma opinión sobre Parkinson.Los prefectos de Hufflepuff eran Ernie Macmillan y Hannah Abbott y los de Ravenclaw eran Anthon Goldstein y Padma Patil. A Luna esta información no le importaba en absoluto, pues con la única que tendría problemas era con la prefecta de Slytherin. –Tú fuiste al baile de navidad con Padma Patil –le dijo al pelirrojo en tono ambiguo.Todos se volvieron para mirarla, a pesar de que ella sólo lo observaba a él sin pestañear por encima de Él Quisquilloso.–Sí, ya lo sé –afirmó este un tanto sorprendido. –Ella no se la pasó muy bien –le informó Luna, considerando aquella información importante– No está contenta con como la trataste, porque no quisiste bailar con ella. A mí no me habría importado – añadió, pensativa–. A m no me gusta bailar – aseguró y volvió a esconderse detrás de su revistas quedaron en silencio un buen rato, como asimilando lo que acababa de ocurrir, hasta que el pelirrojo volvió a hablar y comenzaron una nueva conversación, o más bien era una discusión. – Sólo voy a asegurarme de sorprender a sus amigos antes de que el sorprenda a los míos. – Ron, por favor…– Obligaré a Goyle a copiar y copiar; eso le fastidiar amucho porque no soporta escribir – aseguró Ron muy contento. Luego bajó la voz imitando unos gruñidos– No… debo… parecerme… al culo… de un… babuino. Todos rieron, pero la que mas rio fue Luna, quien soltó una sonora carcajada que hizo que la lechuza blanca como la nieve despertara y agitara las alas con indignación y que el gato saltara a la rejilla portaequipajes bufando. No recordaba haber reído de esa manera desde antes de la muerte de su madre. Rio tan fuerte que la revista salió despedida de sus manos, resbaló por sus piernas y fue a parar al suelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras intentaba recobrar el aliento, mirando fijamente a Ron. Notó que Harry recogía la revista, al parecer interesado en uno de los sorprendentes temas que contenía. – ¿Me dejas mirar un momento? – le preguntó. Luna no podía parar de reír. Mientras miraba a Ron con los ojos llorosos asintió con la cabeza.– ¿Hay algo que valga la pena? – preguntó Ron cuando Harry cerró la revista. – Pues claro que no s– e adelantó Hermione, la chica castaña–. El quisquilloso es pura basura, lo sabe todo el mundo.– Perdona – dijo Luna, que había dejado de reírse y con una voz que había perdido el tono soñador que la caracterizaba–. Mi padre es el director. ¿Qué le pasaba a esa chica? ¿Cómo podía decir semejante cosa de la revista de su padre?–¡Oh… yo…! – balbuceó la otra, abochornada– Bueno…, tiene cosas interesantes… Es muy…– Dámela, por favor. Gracias – dijo Luna con frialdad. Y luego se inclinó hacia adelante y se la quitó a Harry de las manos. Pasó con rapidez las páginas hasta la número cincuenta y siete, en un tema que hablaba sobre un hechizo para que las orejas de tu enemigo se convirtieran en naranjitas chinas si ponías las runas cabeza abajo. Aquella chica, Hermione, parecía inteligente, pero también bastante cerrada. Bueno, lo mejor era no seguir pensando en ello; no hacia bien a su mente abierta… Volvió a poner la revista al revés con decisión y desapareció detrás de ella. Justo cuando la puerta se abría por tercera vez.– ¿Qué? – espetó Harry agresivamente.– Cuida tus modales, Potter, o tendré que castigarte –dijo Draco Malfoy, arrastrando las palabras. A Luna le dio un vuelco el corazón, pero juntó toda la fuerza de voluntad que tenía para no asomarse –. Mira, a mi me han nombrado prefecto y a ti no, lo cual significa que yo tengo el derecho de imponer castigos y tu no.–Sí, pero tú eres un imbécil y yo no, así... que lárgate de aquí y déjanos en paz.Ron, Hermione, Ginny y Neville rieron. Luna, que ocultaba su cara, sintió cómo los ojos grises de Draco se clavaban en ella por unos segundos.–Así que ya hicieron una nueva amiga, – Lunática –dijo, y rio con maldad. Luna miró de reojo a Ginny, quien había fruncido el ceño y miraba a Draco con odio. "No es para tanto" pensó Luna. "Muchos ya te han llamado así". Pero entonces, ¿Por qué le dolía tanto que él lo dijera? –Cállate, Malfoy –dijo de pronto Neville y todos, incluso Luna lo miraron sorprendidos. Este se ruborizó. Draco no desaprovechó la oportunidad.–Vaya, vaya ¿te gusta acaso la chiflada? –Draco se rio fuerte, cruelmente.– ¿Te gusta a ti? –inquirió Ginny, mirándolo con suspicacia. Luna se tapó la cara de nuevo y no vio que todos hacían gestos de exclamación, alabando el ingenio de la pelirroja. Draco se quedó callado. Luego dijo algo así como que iba a seguir a Harry como un perro y se fue. El clima seguía sin definirse mientras el tren avanzaba hacia el norte. La lluvia salpicaba con desgana, y de vez en cuando el sol hacia una débil aparición antes de que las nubes volvieran a taparlo. Cuando oscureció, Luna enrollo El Quisquilloso, lo guardó con cuidado en su bolsa y se dedicó a observar a los que viajaban con ella en el compartimiento.Por fin el tren empezó a aminorar la marcha y oyeron el habitual alboroto por el pasillo, pues todos se pusieron en pie para recoger su equipaje y a sus mascotas, listos para apearse. Como Ron y Hermione tenían que supervisar que hubiera orden, volvieron a salir del compartimiento encargando a Harry y a los otros del cuidado de Crookshakns (el gato de Hermione) y a Pigwidgeon (la lechuza de Ron). –Yo puedo llevar esa lechuza, si quieres –le dijo Luna a Harry señalando la jaula de Pigwidgeon.– ¡Ah, gracias! l –le contestó este, y le pasó la jaula. Salieron del compartimiento y notaron por primera vez el frió de la noche en la cara al reunirse con el resto de los alumnos en el pasillo. Hola, soy Luna–l e dijo la chica al ave –. Ya me viste en el tren, tú… ¿piensas también que estoy loca? – Pigwidgeonse quedo quieta como una estatua y Luna lo tomó como un –no–. Gracias, sabía que podía confiar en ti. Luna, salió del vagón mientras pensaba por los pasillos del Expreso con la pequeña lechuza de Ron, entre sus brazos. Levanto la vista de la pequeña lechuza y dividió a Draco Malfoy salió de un compartimiento con un montón de ranas de chocolate en la mano. Le vio sonreír maliciosamente y la chica sospecho que se le había quitado a algún alumno abusando de su autoridad como prefecto, algo típico en Malfoy. Una pequeña alumna que debía de ser de primero por su apariencia se choco sin quiere con el haciendo un par de ranas de chocolate se le cayeran. La mirada asesina que esta se pusiera al borde de las lágrimas y Luna se acerco a ellos a toda velocidad presintiendo lo que se avecinaba. –Ten más cuidado, mocosa–le espeto Malfoy –15 puntos menos para tu casa para que aprendas a mirar por dónde vas. –A un no hemos llegado a Hogwarts–dijo Luna pasando un brazo sóbrelos hombros de la niña para reconfortarla, ella se apretó temerosa a la Ravenclaw . – ¿Y a ti quien te llamo Lunática?–Luna le miro como nunca antes avía mirado a nadie sus ojos azules brillaban como nunca. –No tienes porque portarte así- pronuncio –Oh–Respondió el fingiendo una melodramática mueca de dolor–No sabes cuánto apreció tu o pión–Vamos, te acompañare a tu compartimento–dijo Luna dirigiéndose a la niña y ambas dieron media vuelta sin lanzar una mirada más al Slytherin. Pero cuando se disponían a alejarse, la pequeña lechuza salto de los brazos de ella. –pigwi, ¿Qué haces? –Pregunto asombrada. Se agacho y llamo la pequeña lechuza para cogerla en sus brazos, pero la pequeña lechuza paso de largo y se acerco al Slytherin. Draco se quedo parado mirando a la lechuza dando pequeños brincos en los pies de él. Luna se quedo atónita al ver a pigwi tan alegre con él. Se estremeció y decidió que no quería seguir pensando en eso, así que recogió a piwg y sin mirar al chico, se alejo rápidamente por los pasillos con la niña de primero. Draco se apoyo en la pared del tren y se quedo observándola fijamente hasta que se desapareció entre la multitud de alumnos que salían a toda prisa.
–Draco– se oyó la voy melodramática de Pansy– ¿Qué demonios, quieres? –Respondió no muy alegre Draco–Hay una reunión de prefectos en el último vagón y es necesario de tu presencia, nos darán indicaciones para patrullar. –Ahora regreso –comento, Draco solo guardo silencio y se encamino al vagón de los prefectos.El vagón de los prefectos era el último del expreso de hogwats, un lugar de paredes de madera, asientos forrados de cuero negro con mesitas de palisandro aquí y allá, y las P de las insignias estampada por todas partes. Los dos Slytherin entraron en el vagón ya ocupado por casi todos los demás prefectos de Howgarts. Draco se describió echando un vistazo al vagón para ver donde se encontraba los demás prefectos, no tardo mucho en sentarse en un sillón, con las piernas cruzadas despreocupadamente, los pies posadas sobre una mesita de palisandro, la vista perdida por la ventana y la varita fuertemente apretada en las manos. Sin más tiempo que perder Pansy se sentó a su lado y pestañeándole a través de sus gruesas pestañas era una visión mucho más tentadora. Haciendo una mueca similar a su sonrisa, paso un brazo por detrás de los hombros de pansy que contenta se acurruco contra él. –Draco, ¿qué miras? –Quiso saber pansy observándole con ojos brillantes– A nadie– Respondió el mirando ahora la ventana. Pansy guardo silencio pensando que no le había preguntado que pensaba, si no aquel miraba pero estaba demasiado feliz entre los brazos del slytherin como para seguir pensando en ello.Luna se fue tranquilamente por su camino, hasta un compartimiento vacío. Estando sentada junto a la ventana, leyendo El Quisquilloso al revés como de costumbre – ¡Hola, Harry! ¡Hola Ginny! El tren va lleno… No encuentro asiento–luna escuchó la voz nerviosa de un chico. –Pero ¿qué dices? – Habló Ginny Weasley, una encantadora pelirroja de su misma edad, y se asomó en el compartimiento de Luna –En este compartimiento hay sitio, sólo está Lunática Lovegood –El chico quiso rehuirse, pero Ginny lo cortó, riendo –No seas tonto, es muy simpática. Y entonces abrió la puerta del compartimiento y metió su baúl dentro. Los dos chicos la siguieron. – ¡Hola, Luna! –La saludó Ginny– ¿Te importa sique nos quedemos aquí? Luna miró al primer chico, de cara redonda y luego al otro, que llevaba gafas y tenía una cicatriz en la frente con forma de rayo; Harry Potter. Asintió con la cabeza. –Gracias –dijo Ginny, sonriente. Los dos chicos pusieron los tres baúles y una jaula con una lechuza blanca como la nieve en la rejilla portaequipajes y se sentaron. Luna los observaba con curiosidad por encima del borde de su revista, sin parpadear. Harry Potter se sentó frente a ella, muy incomodo. Luna lo miró fijamente. – ¿Has pasado un buen verano, Luna? –le preguntó Ginny. –Si –respondió ella, sin apartar los ojos del chico de enfrente–Si, me lo he pasado muy bien. Tú eres Harry Potter. –Sí, ya lo sé– repuso el chico. El otro rio entre dientes, lo cual llamó la atención de Luna, que dirigió sus ojos claros hacia él. –Y tú no sé quién eres. –No soy nadie –se apresuró a decir, nervioso. –Claro que si –intervino Ginny Weasley, tajante –Neville Longbottom, Luna Lovegood, Luna va a mi curso, pero es una Ravenclaw. –Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres–recitó Luna. Era su frase favorita. Luego levantó su revista, que seguía sosteniendo del revés, lo bastante como para ocultarse la cara y se quedó callada, preguntándose si ellos serian sus nuevos amigos. El tren avanzaba traqueteando a través del campo. El clima era un tanto inestable; tan pronto el sol inundaba el vagón como pasaban por debajo de tremendas nubes grises. – ¿Saben qué me regalaron por mi cumpleaños? – preguntó de repente Neville Longbottom, y Luna despertó de su sueño, aunque siguió con la cara pegada a la revista. – ¿Otra recordadora? –sugirió Harry Potter. –No. Aunque no me vendría mal una porque perdí la vieja hace mucho tiempo… No, miren… Una Mimbulus mimbletonia – dijo con orgullo. Luna ya sabía de qué estaba hablando, conocía la planta–. Es muy, muy rara. No sé si hay alguna en el invernadero de Hogwarts. Me muero de ganas de enseñársela a la profesora Sprout. Mi tío abuelo Algie me la trajo de Asiria. Voy a ver si puedo conseguir más ejemplares a partir de este. – ¿Hace… algo? –preguntó Harry con tono escéptico. – ¡Ya lo creo! ¡Un montón de cosas! –Exclamó Neville. – Tiene un mecanismo de defensa asombroso. Mira, sujétame a Trevor…Luna volvió a asomarse por encima de su revista para ver que hacia el chico. Este, con la lengua entre los dientes colocó la Mimbulus mimbletonia (una especie de pequeño cactus gris cubierto de forúnculos) a la altura de sus ojos oscuros, eligió u punto y le dio un pinchazo con la punta de una pluma. Luna se cubrió de nuevo la cabeza con la revista, evitando así mancharse con un líquido de color verde oscuro. Ginny, que se había tapado la cara quedó como si llevara un viscoso sombrero verde Harry Potter y recibió un chorro en toda la cara. –Lo…, lo siento –dijo Neville entrecortadamente –Todavía no lo había probado… No me imaginaba que pudiera ser tan… Pero no se preocupen, su jugo fétido no es venenoso. En ese momento s abrió la puerta del compartimiento. Se trataba de Cho Chang, una chica de sexto de Ravenclaw, que jugaba en su equipo de quidditch. Ella nunca la había llamado Lunática, y Luna lo apreciaba. –¡Hola… Harry¡ –lo saludó. – ¡Ah, hola…! –respondió él, desconcertado. Ambos estaban muertos de la vergüenza, algo que a Luna le pareció divertido, pero no se rio. Cho se marchó y Harry se recostó en su asiento y soltó un gruñido. Se notaba a simple vista que el chico hubiera preferido estar en otro lado, con gente interesante. Aun así podía considerarse muy afortunado; Luna no se imaginaba (o no pensaba que podría suceder) que Draco apareciera como si nada en la puerta sólo para saludarla. Ginny se encargó de limpiar el desastre sacando su varita y exclamando "¡Fregotego!" y Neville volvió a disculparse. El carrito de la comida pasó y Harry, Ginny y Neville compraron montones de pasteles y dulces. Luna no tenía hambre, prefería la cena de Bienvenida del colegio. Al cabo de un rato, un chico alto y pelirrojo (hermano de Ginny) y una chica castaña aparecieron en el compartimiento. –Estoy muerto de hambre –dijo el pelirrojo; puso su lechuza al lado de la de Harry, le quitó una rana de chocolate de las manos y se sentó a su lado. La chica se sentó junto a Ginny. –Hay dos prefectos de quinto en cada casa – explicó. Parecía muy contrariada–. Un chico y una chica. –Y a ver si sabes quién es uno de los prefectos de Slytherin – dijo el pelirrojo, recostado en el asiento y con los ojos cerrados. Luna ya lo sabía, pero no fue ella quien contestó. –Malfoy –dijo Harry al instante. Parecía que lo intuía. Ellos dos eran enemigos, y con razón: Luna no había visto jamás dos personas que difirieran tanto en… casi todo. –Por supuesto– afirmó el otro con amargura. –Y Pansy Parkinson, esa zonza – añadió la chica con malicia–. No sé cómo la han nombrado prefecta, si es más tonta que un trol con conmoción cerebral. Luna rio para sus adentros. Aquella chica y ella tenían la misma opinión sobre Parkinson.Los prefectos de Hufflepuff eran Ernie Macmillan y Hannah Abbott y los de Ravenclaw eran Anthon Goldstein y Padma Patil. A Luna esta información no le importaba en absoluto, pues con la única que tendría problemas era con la prefecta de Slytherin. –Tú fuiste al baile de navidad con Padma Patil –le dijo al pelirrojo en tono ambiguo.Todos se volvieron para mirarla, a pesar de que ella sólo lo observaba a él sin pestañear por encima de Él Quisquilloso.–Sí, ya lo sé –afirmó este un tanto sorprendido. –Ella no se la pasó muy bien –le informó Luna, considerando aquella información importante– No está contenta con como la trataste, porque no quisiste bailar con ella. A mí no me habría importado – añadió, pensativa–. A m no me gusta bailar – aseguró y volvió a esconderse detrás de su revistas quedaron en silencio un buen rato, como asimilando lo que acababa de ocurrir, hasta que el pelirrojo volvió a hablar y comenzaron una nueva conversación, o más bien era una discusión. – Sólo voy a asegurarme de sorprender a sus amigos antes de que el sorprenda a los míos. – Ron, por favor…– Obligaré a Goyle a copiar y copiar; eso le fastidiar amucho porque no soporta escribir – aseguró Ron muy contento. Luego bajó la voz imitando unos gruñidos– No… debo… parecerme… al culo… de un… babuino. Todos rieron, pero la que mas rio fue Luna, quien soltó una sonora carcajada que hizo que la lechuza blanca como la nieve despertara y agitara las alas con indignación y que el gato saltara a la rejilla portaequipajes bufando. No recordaba haber reído de esa manera desde antes de la muerte de su madre. Rio tan fuerte que la revista salió despedida de sus manos, resbaló por sus piernas y fue a parar al suelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras intentaba recobrar el aliento, mirando fijamente a Ron. Notó que Harry recogía la revista, al parecer interesado en uno de los sorprendentes temas que contenía. – ¿Me dejas mirar un momento? – le preguntó. Luna no podía parar de reír. Mientras miraba a Ron con los ojos llorosos asintió con la cabeza.– ¿Hay algo que valga la pena? – preguntó Ron cuando Harry cerró la revista. – Pues claro que no s– e adelantó Hermione, la chica castaña–. El quisquilloso es pura basura, lo sabe todo el mundo.– Perdona – dijo Luna, que había dejado de reírse y con una voz que había perdido el tono soñador que la caracterizaba–. Mi padre es el director. ¿Qué le pasaba a esa chica? ¿Cómo podía decir semejante cosa de la revista de su padre?–¡Oh… yo…! – balbuceó la otra, abochornada– Bueno…, tiene cosas interesantes… Es muy…– Dámela, por favor. Gracias – dijo Luna con frialdad. Y luego se inclinó hacia adelante y se la quitó a Harry de las manos. Pasó con rapidez las páginas hasta la número cincuenta y siete, en un tema que hablaba sobre un hechizo para que las orejas de tu enemigo se convirtieran en naranjitas chinas si ponías las runas cabeza abajo. Aquella chica, Hermione, parecía inteligente, pero también bastante cerrada. Bueno, lo mejor era no seguir pensando en ello; no hacia bien a su mente abierta… Volvió a poner la revista al revés con decisión y desapareció detrás de ella. Justo cuando la puerta se abría por tercera vez.– ¿Qué? – espetó Harry agresivamente.– Cuida tus modales, Potter, o tendré que castigarte –dijo Draco Malfoy, arrastrando las palabras. A Luna le dio un vuelco el corazón, pero juntó toda la fuerza de voluntad que tenía para no asomarse –. Mira, a mi me han nombrado prefecto y a ti no, lo cual significa que yo tengo el derecho de imponer castigos y tu no.–Sí, pero tú eres un imbécil y yo no, así... que lárgate de aquí y déjanos en paz.Ron, Hermione, Ginny y Neville rieron. Luna, que ocultaba su cara, sintió cómo los ojos grises de Draco se clavaban en ella por unos segundos.–Así que ya hicieron una nueva amiga, – Lunática –dijo, y rio con maldad. Luna miró de reojo a Ginny, quien había fruncido el ceño y miraba a Draco con odio. "No es para tanto" pensó Luna. "Muchos ya te han llamado así". Pero entonces, ¿Por qué le dolía tanto que él lo dijera? –Cállate, Malfoy –dijo de pronto Neville y todos, incluso Luna lo miraron sorprendidos. Este se ruborizó. Draco no desaprovechó la oportunidad.–Vaya, vaya ¿te gusta acaso la chiflada? –Draco se rio fuerte, cruelmente.– ¿Te gusta a ti? –inquirió Ginny, mirándolo con suspicacia. Luna se tapó la cara de nuevo y no vio que todos hacían gestos de exclamación, alabando el ingenio de la pelirroja. Draco se quedó callado. Luego dijo algo así como que iba a seguir a Harry como un perro y se fue. El clima seguía sin definirse mientras el tren avanzaba hacia el norte. La lluvia salpicaba con desgana, y de vez en cuando el sol hacia una débil aparición antes de que las nubes volvieran a taparlo. Cuando oscureció, Luna enrollo El Quisquilloso, lo guardó con cuidado en su bolsa y se dedicó a observar a los que viajaban con ella en el compartimiento.Por fin el tren empezó a aminorar la marcha y oyeron el habitual alboroto por el pasillo, pues todos se pusieron en pie para recoger su equipaje y a sus mascotas, listos para apearse. Como Ron y Hermione tenían que supervisar que hubiera orden, volvieron a salir del compartimiento encargando a Harry y a los otros del cuidado de Crookshakns (el gato de Hermione) y a Pigwidgeon (la lechuza de Ron). –Yo puedo llevar esa lechuza, si quieres –le dijo Luna a Harry señalando la jaula de Pigwidgeon.– ¡Ah, gracias! l –le contestó este, y le pasó la jaula. Salieron del compartimiento y notaron por primera vez el frió de la noche en la cara al reunirse con el resto de los alumnos en el pasillo. Hola, soy Luna–l e dijo la chica al ave –. Ya me viste en el tren, tú… ¿piensas también que estoy loca? – Pigwidgeonse quedo quieta como una estatua y Luna lo tomó como un –no–. Gracias, sabía que podía confiar en ti. Luna, salió del vagón mientras pensaba por los pasillos del Expreso con la pequeña lechuza de Ron, entre sus brazos. Levanto la vista de la pequeña lechuza y dividió a Draco Malfoy salió de un compartimiento con un montón de ranas de chocolate en la mano. Le vio sonreír maliciosamente y la chica sospecho que se le había quitado a algún alumno abusando de su autoridad como prefecto, algo típico en Malfoy. Una pequeña alumna que debía de ser de primero por su apariencia se choco sin quiere con el haciendo un par de ranas de chocolate se le cayeran. La mirada asesina que esta se pusiera al borde de las lágrimas y Luna se acerco a ellos a toda velocidad presintiendo lo que se avecinaba. –Ten más cuidado, mocosa–le espeto Malfoy –15 puntos menos para tu casa para que aprendas a mirar por dónde vas. –A un no hemos llegado a Hogwarts–dijo Luna pasando un brazo sóbrelos hombros de la niña para reconfortarla, ella se apretó temerosa a la Ravenclaw . – ¿Y a ti quien te llamo Lunática?–Luna le miro como nunca antes avía mirado a nadie sus ojos azules brillaban como nunca. –No tienes porque portarte así- pronuncio –Oh–Respondió el fingiendo una melodramática mueca de dolor–No sabes cuánto apreció tu o pión–Vamos, te acompañare a tu compartimento–dijo Luna dirigiéndose a la niña y ambas dieron media vuelta sin lanzar una mirada más al Slytherin. Pero cuando se disponían a alejarse, la pequeña lechuza salto de los brazos de ella. –pigwi, ¿Qué haces? –Pregunto asombrada. Se agacho y llamo la pequeña lechuza para cogerla en sus brazos, pero la pequeña lechuza paso de largo y se acerco al Slytherin. Draco se quedo parado mirando a la lechuza dando pequeños brincos en los pies de él. Luna se quedo atónita al ver a pigwi tan alegre con él. Se estremeció y decidió que no quería seguir pensando en eso, así que recogió a piwg y sin mirar al chico, se alejo rápidamente por los pasillos con la niña de primero. Draco se apoyo en la pared del tren y se quedo observándola fijamente hasta que se desapareció entre la multitud de alumnos que salían a toda prisa.