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sábado, 3 de agosto de 2013 • 17:06 • 0 comments
Luna pudo oler los pinos que crecían en el sendero del lago lentamente, llego a la puerta de salida, oyó una voz de mujer que decía –“Los de primero en fila aquí” ¡Por favor! Todo los de primero conmigo–Luna le informo a la niña que iba con ella, que se diera prisa. Rápidamente luna se acerco a los cientos de carruajes que siempre llevaban a los estudiantes que no eran de primero hacia el castillo. Luna se acerco y acaricio unos animales que parecían caballos, pero tenían algo de reptiles; No tenían nada de carne, su pelo negro se agarraba a sus esqueletos, haciendo que cada hueso fuera visible, sus cabezas eran de dragón y sus ojos sin pupilas, blancos y fijos, tenían alas grande y con texturas de cuerpo que parecían diseñadas para murciélagos gigantes, estaban de pie y tranquilos y parecían misteriosos y siniestros. Luna se acerco a Harry llevando la jaula de Pigwi en sus brazos; La pequeña lechuza parecía gorgojar de nervios más de lo normal –Aquí la tienes–Dijo ella–Es una lechecita muy dulce ¿Verdad? –Esto… si lo es–Dijo ron ásperamente–Bien, vamos a dentro entonces… ¿Qué me estabas diciendo Harry? –Luna voltio y vio como Draco seguido por un pequeño grupo de tontos que incluían a Crabbe, Goyle, Theodore Nott, Blaize Zabinni, Pansy, empujaron algunos chicos de segundo con cara de tímidos para tener un carruaje para ellos solos. –Yo también puedo verlos–Le dijo Luna a Harry– ¿De verdad la vez? –Dijo Harry volviendo hacia Luna–Puedo ver las alas de los caballos reflejadas en ojos azules–Oh, sí–Dijo Luna–Soy capaz de verlos desde mi primer día aquí–Ellos siempre tiran de los carruajes, no te preocupes, “estas tan cuerdo como yo. El castillo de Hogwarts, surgió ante la vista de todos, cerca se alzaron numerosas torres de color oscuro contra el cielo negro por todas partes brillaban algunas ventanas como si estuviera en llamas. Los carruajes tintinaron al parar cerca del escalón de piedra que conducía a la puerta principal de roble. Luna salió del carruaje rápidamente y se unió a la multitud de gente que desesperaba por subir al castillo. Al entrar Luna pudo notar las antorchas flameantes y los pasos de los estudiantes cruzando de piso de piedra por la puerta de la derecha provocaban un resonante eco, la rubia se dirigió al gran comedor y la fiesta de comienzo del periodo. Las cuatro mesas del gran comedor se llenaban arriba un techo terso y sin estrellas, el cual era justo como el cielo que ellos podían vislumbrar por las altas ventas, las velas flotaban en el aire, los largos de las mesas, iluminando a los plateados fantasmas, quienes se tambaleaban por todo el salón, se iluminaban las caras de los estudiantes que hablaban con impaciencia, narrando noticias y anécdotas del verano saludando ruidosamente a los amigos de otras casas y mirando los nuevos cortes de cabello y los trajes nuevos de los demás. Luna se alejo bastante hasta la mesa de Ravenclaw, después de llegar al castillo Draco se acomodo en la mesa de Slytherin, sus compañeros. El alboroto de las conversaciones en el Gran Comedor se desvaneció, los de primer año se alinearon en frente de la mesa de los profesores, quedando de cara a la profesora McGonagall, que colocó el taburete con cuidado ante ellos, y luego se aparto moviéndose un poco hacia atrás. Draco no prestaba atención a lo que decía el sombrero seleccionador el cual comenzó a recitar su tonta canción, el rubio empezó recorrer el Gran Comedor con la mirada hasta que llego a la mesa de Ravenclam (Realmente Draco estaba buscando a Harry… ya saben para molestarlo después) de pronto recordó que Luna era de esa casa y comenzó a buscarla ¿Me pregunto si esa loca es amiga de Potter? Pensaba el chico. Hasta que encontró a la rubia. Luna estaba media oculta por decenas de estudiantes, voltio y pudo observarla estaba sola ahí sentada y aburrida. El Sombrero Seccionador se inmovilizó de nuevo, y un gran aplauso se manifestó por todo el Gran Comedor, la profesora McGonagall recogiendo el sombrero y el taburete desapareció por detrás y el profesor Dumbledore se puso de pie para dar su habitual discurso de Bienvenida, mientras él hablaba Luna intentaba no mirar hacia la mesa de Slytherin, donde Draco estaba rodeado de admiradoras. De inmediato apareció gran cantidad de comida en las mesas; carne asada, pasteles y bandeas con verduras, pan, salsas y jarras de jugo de calabaza. Luna se moría de hambre así que rápidamente tomo un par de papas asadas y algo de salsa de tomate junto a una buena ración de verduras cocidas. Luna tomo un trozo de pastel de manzana, su favorito, en un movimiento brusco en la mesa de Slytherin la hizo volver la cabeza, Pansy trataba de hacerle comer una fresa a Draco pero este la rechazo y luego tomo un pastel de manzana, luna volvió a mirar su pastel antes de que lo que había visto, sacudió su cabeza agitando así su cabello y sonreía. La profesora Grubbly–Pank se acaba de aparecer detrás de la mesa de los profesores y se sentó en el lugar que debía haber ocupado Hagrid, Luna hecho un vistazo a la mesa de Gryffindor, donde estaba Harry, para ver qué cara ponía; Estaba serio. Cuando todos los estudiantes habían terminado de comer y el ruido en el pasillo comenzaba a subir otra vez, Dumbledore se puso de pie una vez más, las conversaciones cesaron inmediatamente girara sus caras al director. Luna se sentía completamente satisfecha, pensaba una y otra vez en que su cama la esperaba en algún sitio arriba; caliente y suave–Bien, ahora que todos, digerimos otro banquete magnifico, pido unos momentos de su atención para el aviso habitual de principio de año–Dijo el director Dumbledore–“Los de primer año, deberán saber que el bosque en las tierras de afuera están prohibidos” para los estudiante y unos cuantos de nuestros estudiante más viejos deberán saber ahora porque… el Sr. Fitch el vigilante, me ha preguntado para lo que él dice en los cuatrocientos y 60 segundo de tiempo (Recuerde que esta historia está basada en el 5º libro… solo cambian algunas partes para Luna y Draco… Harry y los demás quedan como está plasmado en el libro… excepto que Harry y Hermione se quedan juntos no pregunten por qué ¬¬) El director empezaba a hablar pero esta vez fue interrumpido descaradamente por la nueva profesora; Era rechoncha, bajita y tenía el cabello pardusco y rizado, se había puesto una diadema de color rosa que hacia juego con la esponjosa chaqueta de punto del mismo tono que llevaba sobre la túnica. Luna vio que tenía un pálido rostro que recordaba al de un sapo tal vez sería la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, de reojo la rubia alcanzo a ver en la mesa de Slytherin, como la cabeza de Draco se movía exageradamente hacia un lado (Muero de risa al imaginar a Draco asiendo esa tontería),entonces luna se preguntó si él la a habría estado mirando, de golpe vio que ella buscaba algo, como una tierna mirada que freno en el, se quedaron mirando el uno al otro, se sentía incomodo por interesarle tanto esa mirada pero no podía dejar de verla. Ella le soltó una sonrisa y él se la devolvió sin darse cuenta, Pansy le paso la mano por la cara haciéndole volver a la realidad, la chica quiso confirmar su hipótesis y volvió la cabeza hacia allí, pero para si no tan agradable sorpresa no se encontró con los ojos grises que esperaba, si no con los iracundos ojos oscuro (Pansy Parkinson se había dado cuenta de sus intensiones) y decidió que sería buena idea sonreírle, algo que seguramente no se esperaba. Luna no regreso su mirada hacia su mesa y decidió que sacaría su revista y empezó a leerla al revés… minutos después Luna decidió echar el último vistazo a la mesa de Slytherin y para su desagradó Draco parecía muy entretenido escuchando las palabras de la profesora, tanto que asentía de vez en cuando con una sonoriza en los labios. Después de su discurso, ella se sentó y Dumbledore comienzo aplaudir, entonces el resto de profesores y alumnos comenzaron a aplaudirle cortes mente.–Muchas gracias profesora Umbrige este ha sido un discurso muy aclaratorio –Dijo inclinándose a ella –Bueno y ahora como comentaba los entrenamientos de Quidditch serán llevados acabo...
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• 16:59 • 0 comments
–Draco– se oyó la voy melodramática de Pansy– ¿Qué demonios, quieres? –Respondió no muy alegre Draco–Hay una reunión de prefectos en el último vagón y es necesario de tu presencia, nos darán indicaciones para patrullar. –Ahora regreso –comento, Draco solo guardo silencio y se encamino al vagón de los prefectos.El vagón de los prefectos era el último del expreso de hogwats, un lugar de paredes de madera, asientos forrados de cuero negro con mesitas de palisandro aquí y allá, y las P de las insignias estampada por todas partes. Los dos Slytherin entraron en el vagón ya ocupado por casi todos los demás prefectos de Howgarts. Draco se describió echando un vistazo al vagón para ver donde se encontraba los demás prefectos, no tardo mucho en sentarse en un sillón, con las piernas cruzadas despreocupadamente, los pies posadas sobre una mesita de palisandro, la vista perdida por la ventana y la varita fuertemente apretada en las manos. Sin más tiempo que perder Pansy se sentó a su lado y pestañeándole a través de sus gruesas pestañas era una visión mucho más tentadora. Haciendo una mueca similar a su sonrisa, paso un brazo por detrás de los hombros de pansy que contenta se acurruco contra él. –Draco, ¿qué miras? –Quiso saber pansy observándole con ojos brillantes– A nadie– Respondió el mirando ahora la ventana. Pansy guardo silencio pensando que no le había preguntado que pensaba, si no aquel miraba pero estaba demasiado feliz entre los brazos del slytherin como para seguir pensando en ello.Luna se fue tranquilamente por su camino, hasta un compartimiento vacío. Estando sentada junto a la ventana, leyendo El Quisquilloso al revés como de costumbre – ¡Hola, Harry! ¡Hola Ginny! El tren va lleno… No encuentro asiento–luna escuchó la voz nerviosa de un chico. –Pero ¿qué dices? – Habló Ginny Weasley, una encantadora pelirroja de su misma edad, y se asomó en el compartimiento de Luna –En este compartimiento hay sitio, sólo está Lunática Lovegood –El chico quiso rehuirse, pero Ginny lo cortó, riendo –No seas tonto, es muy simpática. Y entonces abrió la puerta del compartimiento y metió su baúl dentro. Los dos chicos la siguieron. – ¡Hola, Luna! –La saludó Ginny– ¿Te importa sique nos quedemos aquí? Luna miró al primer chico, de cara redonda y luego al otro, que llevaba gafas y tenía una cicatriz en la frente con forma de rayo; Harry Potter. Asintió con la cabeza. –Gracias –dijo Ginny, sonriente. Los dos chicos pusieron los tres baúles y una jaula con una lechuza blanca como la nieve en la rejilla portaequipajes y se sentaron. Luna los observaba con curiosidad por encima del borde de su revista, sin parpadear. Harry Potter se sentó frente a ella, muy incomodo. Luna lo miró fijamente. – ¿Has pasado un buen verano, Luna? –le preguntó Ginny. –Si –respondió ella, sin apartar los ojos del chico de enfrente–Si, me lo he pasado muy bien. Tú eres Harry Potter. –Sí, ya lo sé– repuso el chico. El otro rio entre dientes, lo cual llamó la atención de Luna, que dirigió sus ojos claros hacia él. –Y tú no sé quién eres. –No soy nadie –se apresuró a decir, nervioso. –Claro que si –intervino Ginny Weasley, tajante –Neville Longbottom, Luna Lovegood, Luna va a mi curso, pero es una Ravenclaw. –Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres–recitó Luna. Era su frase favorita. Luego levantó su revista, que seguía sosteniendo del revés, lo bastante como para ocultarse la cara y se quedó callada, preguntándose si ellos serian sus nuevos amigos. El tren avanzaba traqueteando a través del campo. El clima era un tanto inestable; tan pronto el sol inundaba el vagón como pasaban por debajo de tremendas nubes grises. – ¿Saben qué me regalaron por mi cumpleaños? – preguntó de repente Neville Longbottom, y Luna despertó de su sueño, aunque siguió con la cara pegada a la revista. – ¿Otra recordadora? –sugirió Harry Potter. –No. Aunque no me vendría mal una porque perdí la vieja hace mucho tiempo… No, miren… Una Mimbulus mimbletonia – dijo con orgullo. Luna ya sabía de qué estaba hablando, conocía la planta–. Es muy, muy rara. No sé si hay alguna en el invernadero de Hogwarts. Me muero de ganas de enseñársela a la profesora Sprout. Mi tío abuelo Algie me la trajo de Asiria. Voy a ver si puedo conseguir más ejemplares a partir de este. – ¿Hace… algo? –preguntó Harry con tono escéptico. – ¡Ya lo creo! ¡Un montón de cosas! –Exclamó Neville. – Tiene un mecanismo de defensa asombroso. Mira, sujétame a Trevor…Luna volvió a asomarse por encima de su revista para ver que hacia el chico. Este, con la lengua entre los dientes colocó la Mimbulus mimbletonia (una especie de pequeño cactus gris cubierto de forúnculos) a la altura de sus ojos oscuros, eligió u punto y le dio un pinchazo con la punta de una pluma. Luna se cubrió de nuevo la cabeza con la revista, evitando así mancharse con un líquido de color verde oscuro. Ginny, que se había tapado la cara quedó como si llevara un viscoso sombrero verde Harry Potter y recibió un chorro en toda la cara. –Lo…, lo siento –dijo Neville entrecortadamente –Todavía no lo había probado… No me imaginaba que pudiera ser tan… Pero no se preocupen, su jugo fétido no es venenoso. En ese momento s abrió la puerta del compartimiento. Se trataba de Cho Chang, una chica de sexto de Ravenclaw, que jugaba en su equipo de quidditch. Ella nunca la había llamado Lunática, y Luna lo apreciaba. –¡Hola… Harry¡ –lo saludó. – ¡Ah, hola…! –respondió él, desconcertado. Ambos estaban muertos de la vergüenza, algo que a Luna le pareció divertido, pero no se rio. Cho se marchó y Harry se recostó en su asiento y soltó un gruñido. Se notaba a simple vista que el chico hubiera preferido estar en otro lado, con gente interesante. Aun así podía considerarse muy afortunado; Luna no se imaginaba (o no pensaba que podría suceder) que Draco apareciera como si nada en la puerta sólo para saludarla. Ginny se encargó de limpiar el desastre sacando su varita y exclamando "¡Fregotego!" y Neville volvió a disculparse. El carrito de la comida pasó y Harry, Ginny y Neville compraron montones de pasteles y dulces. Luna no tenía hambre, prefería la cena de Bienvenida del colegio. Al cabo de un rato, un chico alto y pelirrojo (hermano de Ginny) y una chica castaña aparecieron en el compartimiento. –Estoy muerto de hambre –dijo el pelirrojo; puso su lechuza al lado de la de Harry, le quitó una rana de chocolate de las manos y se sentó a su lado. La chica se sentó junto a Ginny. –Hay dos prefectos de quinto en cada casa – explicó. Parecía muy contrariada–. Un chico y una chica. –Y a ver si sabes quién es uno de los prefectos de Slytherin – dijo el pelirrojo, recostado en el asiento y con los ojos cerrados. Luna ya lo sabía, pero no fue ella quien contestó. –Malfoy –dijo Harry al instante. Parecía que lo intuía. Ellos dos eran enemigos, y con razón: Luna no había visto jamás dos personas que difirieran tanto en… casi todo. –Por supuesto– afirmó el otro con amargura. –Y Pansy Parkinson, esa zonza – añadió la chica con malicia–. No sé cómo la han nombrado prefecta, si es más tonta que un trol con conmoción cerebral. Luna rio para sus adentros. Aquella chica y ella tenían la misma opinión sobre Parkinson.Los prefectos de Hufflepuff eran Ernie Macmillan y Hannah Abbott y los de Ravenclaw eran Anthon Goldstein y Padma Patil. A Luna esta información no le importaba en absoluto, pues con la única que tendría problemas era con la prefecta de Slytherin. –Tú fuiste al baile de navidad con Padma Patil –le dijo al pelirrojo en tono ambiguo.Todos se volvieron para mirarla, a pesar de que ella sólo lo observaba a él sin pestañear por encima de Él Quisquilloso.–Sí, ya lo sé –afirmó este un tanto sorprendido. –Ella no se la pasó muy bien –le informó Luna, considerando aquella información importante– No está contenta con como la trataste, porque no quisiste bailar con ella. A mí no me habría importado – añadió, pensativa–. A m no me gusta bailar – aseguró y volvió a esconderse detrás de su revistas quedaron en silencio un buen rato, como asimilando lo que acababa de ocurrir, hasta que el pelirrojo volvió a hablar y comenzaron una nueva conversación, o más bien era una discusión. – Sólo voy a asegurarme de sorprender a sus amigos antes de que el sorprenda a los míos. – Ron, por favor…– Obligaré a Goyle a copiar y copiar; eso le fastidiar amucho porque no soporta escribir – aseguró Ron muy contento. Luego bajó la voz imitando unos gruñidos– No… debo… parecerme… al culo… de un… babuino. Todos rieron, pero la que mas rio fue Luna, quien soltó una sonora carcajada que hizo que la lechuza blanca como la nieve despertara y agitara las alas con indignación y que el gato saltara a la rejilla portaequipajes bufando. No recordaba haber reído de esa manera desde antes de la muerte de su madre. Rio tan fuerte que la revista salió despedida de sus manos, resbaló por sus piernas y fue a parar al suelo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras intentaba recobrar el aliento, mirando fijamente a Ron. Notó que Harry recogía la revista, al parecer interesado en uno de los sorprendentes temas que contenía. – ¿Me dejas mirar un momento? – le preguntó. Luna no podía parar de reír. Mientras miraba a Ron con los ojos llorosos asintió con la cabeza.– ¿Hay algo que valga la pena? – preguntó Ron cuando Harry cerró la revista. – Pues claro que no s– e adelantó Hermione, la chica castaña–. El quisquilloso es pura basura, lo sabe todo el mundo.– Perdona – dijo Luna, que había dejado de reírse y con una voz que había perdido el tono soñador que la caracterizaba–. Mi padre es el director. ¿Qué le pasaba a esa chica? ¿Cómo podía decir semejante cosa de la revista de su padre?–¡Oh… yo…! – balbuceó la otra, abochornada– Bueno…, tiene cosas interesantes… Es muy…– Dámela, por favor. Gracias – dijo Luna con frialdad. Y luego se inclinó hacia adelante y se la quitó a Harry de las manos. Pasó con rapidez las páginas hasta la número cincuenta y siete, en un tema que hablaba sobre un hechizo para que las orejas de tu enemigo se convirtieran en naranjitas chinas si ponías las runas cabeza abajo. Aquella chica, Hermione, parecía inteligente, pero también bastante cerrada. Bueno, lo mejor era no seguir pensando en ello; no hacia bien a su mente abierta… Volvió a poner la revista al revés con decisión y desapareció detrás de ella. Justo cuando la puerta se abría por tercera vez. – ¿Qué? – espetó Harry agresivamente.– Cuida tus modales, Potter, o tendré que castigarte –dijo Draco Malfoy, arrastrando las palabras. A Luna le dio un vuelco el corazón, pero juntó toda la fuerza de voluntad que tenía para no asomarse –. Mira, a mi me han nombrado prefecto y a ti no, lo cual significa que yo tengo el derecho de imponer castigos y tu no.–Sí, pero tú eres un imbécil y yo no, así... que lárgate de aquí y déjanos en paz.Ron, Hermione, Ginny y Neville rieron. Luna, que ocultaba su cara, sintió cómo los ojos grises de Draco se clavaban en ella por unos segundos.–Así que ya hicieron una nueva amiga, – Lunática –dijo, y rio con maldad. Luna miró de reojo a Ginny, quien había fruncido el ceño y miraba a Draco con odio. "No es para tanto" pensó Luna. "Muchos ya te han llamado así". Pero entonces, ¿Por qué le dolía tanto que él lo dijera? –Cállate, Malfoy –dijo de pronto Neville y todos, incluso Luna lo miraron sorprendidos. Este se ruborizó. Draco no desaprovechó la oportunidad.–Vaya, vaya ¿te gusta acaso la chiflada? –Draco se rio fuerte, cruelmente.– ¿Te gusta a ti? –inquirió Ginny, mirándolo con suspicacia. Luna se tapó la cara de nuevo y no vio que todos hacían gestos de exclamación, alabando el ingenio de la pelirroja. Draco se quedó callado. Luego dijo algo así como que iba a seguir a Harry como un perro y se fue. El clima seguía sin definirse mientras el tren avanzaba hacia el norte. La lluvia salpicaba con desgana, y de vez en cuando el sol hacia una débil aparición antes de que las nubes volvieran a taparlo. Cuando oscureció, Luna enrollo El Quisquilloso, lo guardó con cuidado en su bolsa y se dedicó a observar a los que viajaban con ella en el compartimiento.Por fin el tren empezó a aminorar la marcha y oyeron el habitual alboroto por el pasillo, pues todos se pusieron en pie para recoger su equipaje y a sus mascotas, listos para apearse. Como Ron y Hermione tenían que supervisar que hubiera orden, volvieron a salir del compartimiento encargando a Harry y a los otros del cuidado de Crookshakns (el gato de Hermione) y a Pigwidgeon (la lechuza de Ron). –Yo puedo llevar esa lechuza, si quieres –le dijo Luna a Harry señalando la jaula de Pigwidgeon.– ¡Ah, gracias! l –le contestó este, y le pasó la jaula. Salieron del compartimiento y notaron por primera vez el frió de la noche en la cara al reunirse con el resto de los alumnos en el pasillo. Hola, soy Luna–l e dijo la chica al ave –. Ya me viste en el tren, tú… ¿piensas también que estoy loca? – Pigwidgeonse quedo quieta como una estatua y Luna lo tomó como un –no–. Gracias, sabía que podía confiar en ti. Luna, salió del vagón mientras pensaba por los pasillos del Expreso con la pequeña lechuza de Ron, entre sus brazos. Levanto la vista de la pequeña lechuza y dividió a Draco Malfoy salió de un compartimiento con un montón de ranas de chocolate en la mano. Le vio sonreír maliciosamente y la chica sospecho que se le había quitado a algún alumno abusando de su autoridad como prefecto, algo típico en Malfoy. Una pequeña alumna que debía de ser de primero por su apariencia se choco sin quiere con el haciendo un par de ranas de chocolate se le cayeran. La mirada asesina que esta se pusiera al borde de las lágrimas y Luna se acerco a ellos a toda velocidad presintiendo lo que se avecinaba. –Ten más cuidado, mocosa–le espeto Malfoy –15 puntos menos para tu casa para que aprendas a mirar por dónde vas. –A un no hemos llegado a Hogwarts–dijo Luna pasando un brazo sóbrelos hombros de la niña para reconfortarla, ella se apretó temerosa a la Ravenclaw . – ¿Y a ti quien te llamo Lunática? – Luna le miro como nunca antes avía mirado a nadie sus ojos azules brillaban como nunca. –No tienes porque portarte así- pronuncio –Oh–Respondió el fingiendo una melodramática mueca de dolor–No sabes cuánto apreció tu o pión–Vamos, te acompañare a tu compartimento–dijo Luna dirigiéndose a la niña y ambas dieron media vuelta sin lanzar una mirada más al Slytherin. Pero cuando se disponían a alejarse, la pequeña lechuza salto de los brazos de ella. –pigwi, ¿Qué haces? –Pregunto asombrada. Se agacho y llamo la pequeña lechuza para cogerla en sus brazos, pero la pequeña lechuza paso de largo y se acerco al Slytherin. Draco se quedo parado mirando a la lechuza dando pequeños brincos en los pies de él. Luna se quedo atónita al ver a pigwi tan alegre con él. Se estremeció y decidió que no quería seguir pensando en eso, así que recogió a piwg y sin mirar al chico, se alejo rápidamente por los pasillos con la niña de primero. Draco se apoyo en la pared del tren y se quedo observándola fijamente hasta que se desapareció entre la multitud de alumnos que salían a toda prisa.
Capitulo O1
viernes, 2 de agosto de 2013 • 16:15 • 0 comments
Esta historia esta dedicada a una persona en especial la cual es la causante de mi inspiración, Mitzi Ale Alvarado esta historia es dedicada a ti de todo corazón espero que te guste y que recuerdes que a pesar de la distancia y el pasado yo siempre estaré para ti cuando más lo necesites te amo.♥
Tan solo faltaban pocos días para que empezara un nuevo año en Hogwarts, el anterior había sido el año más inquieto de todos, podía notarse ya que la inminente llegada del señor tenebroso estaba cada día mas cerca y eso provocaba que los alumnos estuviesen más intranquilos que nunca. Cómo ocurrían todos los años, los primeros vagones se llenaron en un abrir y cerrar de ojos, así pensaba una pequeña rubia, con el cabello enmarañado como si no lo cepillara, ojos de un tono azules y soñadores, la pequeña se encontraba parada mirando a su alrededor; Ella vestía una falda gitana larga, un suéter de manga larga color verde y unas botas largas de invierno sin tacón. En ese momento se encontraba observando a tantos estudiantes y sus familiares, que caminaban apenas podían avanzar. De pronto sintió un cálido abrazo que interpreto como un miedo interno, a su vez la saco de sus pensamiento –hija, sabes me acaban de llamar ha surgido una buena noticia para la revista creo que tienen que ver algo con una familia de la élite así que no podre acompañarte hasta el tren –dijo el hombre de larga cabellera por los hombros de un color blanco, con textura de algodón de azúcar. –no, te preocupes papa yo puedo ir sola –añadió mientras le daba un fuerte abrazo y beso en la mejilla a su padre. –te quiero, cuídate mucho por favor luna –dijo el hombre en un tono afligido. Su padre desapareció en un instante y la pequeña rubia se quedo sola arrastrando su baúl hasta el último vagón pero antes de que pudiera darle la vuelta a su carrito oyó gritos no muy lejos, regreso la mirada y pudo observar un conflicto. –tú, tienes que hacerlo –dijo un hombre de cabellera larga de un rubio platinado –ni, siquiera la conozco –replico una voz dudosa en un joven alto de estatura, de un cabello rubio platinado, ojos de un color gris intenso; Vestía con caras vestimentas que en su totalidad eran negras –lucios, por favor no seas duro con el – musito una voz femenina que abrazaba con calidez al joven que se encontraba con una mirada fría y alterne. –hablaremos de esto hasta las vacaciones de navidad – dijo fríamente, mientras miraba a su esposa. Pero lo que hizo a la rubia detenerse fue ver que el joven se soltó lo más rápido de su madre, mientras caminaba con paso decidió y con aires de furia, se alejo de sus padres por el andén 9 ¾ de la estación de King’s Cross en Londres, a su derecha descansaba el expreso de Hogwarts al que por su numerosas puertas subían docenas de alumnos cargando con baúles y mascotas. No cabía ni una varita así que Draco se iba abriendo pasó violentamente, gol piando, empujando y apartando a alumnos aquí y allá. Dejando un rastro de estudiantes asustados, asombrados o molestos a los que de vez en cuando obsequiaba con algún “Quítate de en medio, inútil”. Pero ninguno de ellos se atrevieron a decirle nada, y Draco tenía la seguridad de que no lo harían, no en vano era Draco Malfoy, la gente le temía o le envidiaba y eso le encantaba. Inmediatamente surgió un ruido que ensordecedor a su alrededor, se había estrellado contra ella –fíjate, por dónde vas “Lunática” –chillo una vez conocida, era Pansy Parkinson, la chica de Slytherin; Llevaba una insignia de forma de “P” sobre una pequeña indicaba que le habían elegido Perfecta. A su lado iba el chico rubio de cabello rubio platinado lo distinguía, pero estaba distraído hablando con un enorme muchacho de cara de no ser muy listo. Draco voltio a ver y miro fijamente a Luna con asco que en ese momento se dibujaba en el rostro de aquel joven. Ella no le extraño para nada, ya conocía el carácter de él y lo malo que podía llegar a ser si se lo proponía, bueno aun que no se lo propusiera, ella decidió ignorar el asunto y continuo su camino hacia el tren. Sin previo aviso Pansy se voltio como si nada paso y su mirada se torno en enojo –Sera mejor que te lárgate de mi presencia asquerosa “Lunática”, no quiero verte de nuevo cruzándote en mi camino –reclamo a gritos. –No sé, porque te molestas conmigo tu fuiste la que chocantes con mi carrito –dijo con voz suave. Pansy, cuyo cabello negro y lacio le cubría parte de la cara, se acerco tanto como pudo a Luna en un intento de fallido de intimidarla. Luna no mostró segura a pesar de que la otra era bastante más alta y sus ojos echaban furia –No, creas que esto se va aquedar así Lovegood –dijo entre dientes, en un arranqué de furia tiro el carrito de Luna, una maleta que a su vez se abrió y saco su contenido, disparado a todos lados. Ya en el tren se sentó y decido mirar por la ventana; Ver como todos los estudiantes le decían adiós a sus padres, como ella no tenía a quien decirle adiós en aquel momento, ella simplemente decido saludar con su mano a los padres y familiares de sus demás compañeros, los cuales algunos le devolvían el saludos, eso a ella la hizo sentir algo mejor. Se sentó en la butaca del tren, contemplaba soñadoramente el paisaje que antes sus ojos pasaban. Después de terminar de contemplar el paisaje sus ojos azules se dieron cuenta de que un grupo de adolecentes la observaban muertos de risa – ¿Qué sucede “Lunática”, porque degastes de hablar sola? –Dijo la voz de una alta rubia que se desternillaba de risa –Porque me quitaron la inspiración –dijo ella impactada por el gran grupo de chicos en el compartimiento – ¿Inspiración? –Dijo sarcásticamente un muchacho con ojos levemente rasgados –Daphne, Blaize… ya dejen a la loca en paz–Dijo riendo sarcásticamente un joven rubio, todos comenzaron a reír nuevamente. – ¿Se puede saber que se les ofrece? –pregunto con una sonrisa amplia. –Estas en nuestro compartimiento del tren –dijo el rubio en tono muy serio y mirando con despreció a Luna. –Claro que no, yo llegue aquí primero, no había nadie – dijo ella colocando sus manos cruzadas. –Tú lo has dicho, no había nadie ahora los hay, así que te puedes ir buscando otro compartimiento, fenómeno –dijo tomando asiento mientras su grupito de seguidores hacían lo mismo con sonrisa de triunfo en sus caras –Me voy, pero no es porque me lo digas tú, si no que lo quiero hacer porque yo no tengo inconveniente en compartir vagón – dijo ella mientras, salía por la puerta con pequeños brincos en cada paso que daba. Esto no puede ser amor
• 16:03 • 0 comments
Los personajes pertenecen a JK. , las imágenes están sacadas de Internet
Lo único de lo que soy dueña es de la historia, creada solamente para entretener a la gente que se pasa por aquí y que como a mi le encanta leer y/o escribir aventuras.
Gracias
Nunca imagine que una cosa así me sucediera. Jamás pensé que mi vida se vería tan desordenada y ordenada a la vez, y todo absolutamente todo era culpa de ella. Me cambio la vida y es que ¿Cómo no hacerlo? Su belleza fue algo que me cautivo poco a poco, aun que sinceramente yo nunca la admire, de momento a otro deje de verla como una loca pues el loco era yo, sobre todo luego de fijarme en ella. Nadie sabía de mis sentimientos, ni siquiera ella sabía que la amaba, pero fue algo tan rápido, y quizás también tan loco, que lentamente no pude parar. Constantemente me descubría espiándola, y sintiendo unos terribles celos por cada chico que se le acercaba. Y ahora he llegado a la clara conclusión de que no soy tan malo, como ella misma me lo dijo una vez. En aquel entonces yo solo sonríe de manera arrogante, medí media vuelta y la deje allí sola en medio del pasillo nuestros encuentros fueron cada vez mas contantes, y así fue como poco a poco se introdujo a si paso un toque de locura y un amor infinito difícil de contar.Sin embargo todo cambió de un momento a otro. Cambió el maldito día en el que tuve que dejar el colegio y nuevamente la dejé sola. Pero sabía que sus amigos la cuidarían, sobre todo y aun que odiara admitirlo Longbotton, el chico miedoso de Gryffindor, que al parecer estaba enamorado de ella, lo supe desde aquella vez que nos descubrió y en la forma de sus ojos pude notar la tristeza. Desde ese momento lo odie, por que se había fijado en la mujer de mi vida y eso no me gustaba nada. Aun que ella no daba muestra alguna de sentir algo por mí, la sentía mía. Si a veces logro ser muy posesivo; Pero me había enamorado de esa chiquilla sin poder evitarlo, sus nargles me habían envuelto y ahora simplemente no podía vivir sin ella. Cuando la deje no pude evitar sentir aquella tristeza que se apoderaba de mi alma y mi cuerpo, pero no podía hacer nada, no podía volver al colegio, por lo menos no en ese entonces, extrañe cada una de sus incoherencia, como aquella de que siempre andaba descalza. |
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